Opinión

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Los rostros de la migración

Fotografía: Alejandro Sánchez

Willivaldo Delgadillo

     Hace unos días participé en un conversatorio con el fotoperiodista Julián Cardona sobre su libro Exodus/Éxodo, y la coyuntura migratoria actual en la que varias caravanas de centroamericanos viajan por territorio mexicano con el propósito de cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Conversamos a partir de varias fotografías que aparecen en su libro y que documentan la ola migratoria de finales del Siglo XX y principios del Siglo XXI, y que, de acuerdo a la tesis de Cardona y Charles Bowden (autor del texto del libro), es el producto de las condiciones de expulsión producidas por el Tratado de Libre Comercio.

     Dichas imágenes muestran, además de las largas caminatas de los migrantes, otros aspectos de ese momento histórico como la presencia de los Minutemen en la frontera entre Arizona y Sonora, los riesgos de los trabajadores sin documentos que muchas veces laboran en condiciones de seguridad inferiores a los trabajadores domésticos, y que con frecuencia regresan a sus lugares de origen lisiados o incluso en un ataúd. Justamente, una de estas fotografías muestra el funeral de Hermelando Ramírez, quien en octubre de 2006 murió bajo el enorme peso de un árbol, mientras laboraba en Eureka, California. En la foto, tomada por Cardona en Tierra Blanca, Oaxaca, se pueden ver los rostros adoloridos de sus familiares, y solamente como un detalle —para resaltar que lo único que importa de las vidas de los migrantes es su fuerza de trabajo— aparece a cuadro una de sus manos.

     Durante nuestra conversación, Cardona comentó ante el público, entre quienes estaban varios fotógrafos, algunos detalles técnicos relacionados con el tiempo de exposición y de revelado mediante los cuales intentó poner de relieve los duros retos de quienes se aventuran en un intento por cruzar la frontera. También había algunas fotografías que daban cuenta de la economía informal que fue creándose en Sonora y Baja California. Le pregunté a Cardona cómo podría hacerse esa historia en la coyuntura actual. Su respuesta fue certera y muy personal: “de haberlo intentado ahora estaría muerto”.

     Una de la cosas que han cambiado en los quince años que han mediado entre la época en que Cardona realizó su proyecto documental y la coyuntura actual es la violencia exacerbada que han tenido que enfrentar quienes migran, tanto en sus lugares de origen, como en el tránsito por México. A la pobreza y la falta de oportunidades se ha sumado la violencia extrema. El asesinato y la desaparición de migrantes se ha convertido en un problema sistémico. No extraña entonces que antes de las caravanas actuales haya habido otra, en la que los familiares de los desaparecidos centroamericanos marcharon por México buscándolos y exigiendo justicia.

     Apenas dos días después de nuestra conversación, cientos de migrantes centroamericanos intentaron saltar la valla en la frontera de Tijuana-San Ysidro para entrar a territorio estadounidense. Estos migrantes no se parecen a los seres sombríos de las fotografías de Cardona. Son hombres y mujeres combativos, niños y viejos. De alguna manera, reclaman una óptica nueva, otra mirada. Un día después recibí un mensaje de WhatsApp en el que Julián Cardona me enviaba una liga a varias notas sobre la ahora célebre imagen captada por el fotógrafo de Reuters, Kim Kyung-Hoon, en la que María Mesa, una mujer hondureña que lleva dos niñas de la mano, huye de los gases lacrimógenos y las balas de goma disparadas por agentes norteamericanos, a unos pasos del cruce fronterizo. Una imagen sigue valiendo más que mil palabras.