Opinión

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Juventud bajo asedio

Ilustración: Mario Guido

Alejandro Vázquez Gutiérrez "El Mix"

     Qué tal, lector. Este texto es para dar cuenta de las condiciones en que se encuentran las y los jóvenes en esta ciudad, que a diario transitan entre la pobreza y el peligro de vivir entre el crimen organizado; o bien, de ser seducidos por las pandillas que, además de exponerlos a la muerte y a ser estigmatizados, los aleja de una posibilidad educativa y laboral que les permita desarrollarse adecuadamente.

     A partir de lo anterior es que no hablamos de todas las juventudes. Hablamos de aquellas que viven en zonas marginales y que conviven a diario con las escenas de violencia que se viven en su comunidad y que, a partir de su repetición, se ha vuelto normal ver a una persona asesinada o levantada en el barrio.

     Los jóvenes no tienen espacios públicos de convivencia en sus colonias, ya que, en muchos de los casos, éstos han sido invadidos por las redes del narcotráfico. Estas áreas, que deben brindar tranquilidad y esparcimiento, se han convertido en un lugar de acoso para los chavos, por parte de la policía y los vendedores de droga.

     Estos contextos viciados y la desigualdad social —que criminaliza hasta la forma de vestir— mantienen al borde de la desesperación a muchos chicos que, al ver cerrado su horizonte, les es más fácil iniciarse en la delincuencia, que pertenecer a un equipo de futbol o asistir a una institución educativa.

     Hoy la violencia se ha recrudecido en la ciudad y, en consecuencia, la juventud, una vez más, tiene miedo a salir a las calles; tiene miedo de ser víctima y aparecer en la escenografía de muerte que se ha montado nuevamente por la disputa de territorios y que da, en uno de sus múltiples resultados, que la cotidianidad de caminar de la casa a la escuela, de la casa a la tienda o al trabajo, se vuelva un azar para mantener la integridad.

     Ante esta realidad, las responsabilidades imputadas son muchas: gobierno, familias disfuncionales, educación, salarios de hambre, corrupción, vivienda, por citar algunas. Sin embargo, acaba de pasar un proceso electoral en el país y poco fue presentado —por los candidatos— en torno a un trabajo firme y consistente, para el anuncio de una verdadera agenda para la juventud. Todo fue reducido a becas, que aporta, pero dista de una solución integral.

     Entre tanto, y de continuar este abandono a las causas juveniles, el muchacho “problema” seguirá siendo expulsado de la escuela y la chica madre soltera estereotipada. Y, desde luego, gobierno y sociedad continuarán en el trabajo de importar o acuñar nuevos conceptos, como por ejemplo el de nini, para dar nombre a quienes no se atiende ni se abraza.