Gente CASA

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Mi vida cambió en Uno-Tres

Elizabeth Medina Sánchez

     La gente me llama Licha. Mi llegada a CASA Uno-Tres me ha permitido tener nuevos aprendizajes hasta ser lo que actualmente soy. Llevo tres años acudiendo a este lugar, he visto su transformación y la manera que impacta en la vida de quienes participamos en este centro.

     Llegué un día común y corriente. Una amiga de la preparatoria, Jaqueline Castro, me platicó que en ese lugar podía liberar mi servicio social. Acudí. Me sentía muy tímida, ya que no conocía a nadie, pero la gente se portó muy bien conmigo.

     Me fue fácil adaptarme, ya que sólo había jóvenes, y se mostraron muy amigables.

Cuando me fui integrando me gustó una actividad llamada Barrioteca, que consiste en ir a un punto estratégico de la comunidad, para compartir saberes con otros jóvenes.

     Arte, manualidades, juegos de mesa y serigrafía eran los pretextos para convocar a la convivencia sana en los barrios en donde el centro Uno-Tres apoyaba.

     Tuve la oportunidad de conocer a más personas. Además podía generar una interacción con ellas, para provocar un cambio dentro de la comunidad.

     Me gustó mucho su dinámica, ya que nunca había formado parte de un grupo en el que, además, se apoya a otros chavos y chavas.

     Luna y Rogelio, directivos de UnoTres, me enseñaron habilidades como interactuar con las personas de la sociedad, ya que no soy una persona muy sociable y vivía encerrada en mi mundo. Ellos me brindaron herramientas para desenvolverme y, sobre todo, apoyar a mi comunidad.

     El estar en casa Almendrita –como antes se llamaba este centro– me abrió muchas oportunidades. Descubrí que era buena para elaborar productos como cuadros en polióleo, bisutería, manualidades y germinación de plantas, entre otras muchas cosas.

Seguí acudiendo después de haber terminado mi escuela y mi servicio social. Yo ya formaba parte del centro. Me gustó mucho porque descubrí que podía generar cosas buenas, sentirme muy bien, distraerme, hacer cosas útiles, salir de mi zona de confort.

     Sentí que yo, como persona, podía generar un cambio. Si eso había pasado en mí, podía trasmitirlo a las demás personas.

     Terminé mi preparatoria. Decidí no quedarme con lo que ya sabía. Con el apoyo que me brindaban Luna y Rogelio –sobre mis dudas respecto a mis estudios– decidí estudiar Trabajo Social. Realicé el examen de admisión y quedé aceptada.

      Mi llegada a esta asociación marcó mi vida, ya que gracias a ella puedo brindar, en las comunidades, el apoyo y los conocimientos que he adquirido en el tiempo que he participado.

     Finalmente, me siento muy agradecida por formar parte de este grupo que ha dejado y sigue dejando muchas cosas positivas y aprendizajes significativos para mí.