Mujeres

Ilustración: Areli Gardea Altamirano

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Teresa Almada Mireles

    Dedicamos este número de la revista CASA 3754 a dar voz a las mujeres, especialmente a las jóvenes, quienes a través de diversos textos nos comparten sus luchas y experiencias, sus dolores y gritos, pero, sobre todo, su esperanza en una vida plena, libre de violencia, en un mundo incluyente y en sororidad, donde quepamos todas y todos. En este número encontrarán textos muy diversos de chicas que cuentan sus historias, así como de mujeres educadoras, miembros del equipo de CASA y de otras que son actoras de lo público.

    La situación de las niñas y jóvenes en nuestra ciudad no es halagadora. Hacia ellas se dirigen grandes y sutiles violencias que cotidianamente destruyen sus vidas, reproduciendo patrones culturales que las discriminan y marginan. El caso extremo es el feminicidio, que no ocurre de manera aislada, sino que constituye la punta del iceberg de otras violencias que cotidianamente viven muchas mujeres.

    La desigualdad hacia las niñas y jóvenes se manifiesta de muchas maneras, como por ejemplo en el reparto de las tareas domésticas, que recae más en ellas que en los hombres. Una de las causas más comunes de abandono escolar en las chicas es para hacerse cargo del cuidado de sus hermanos menores, mientras sus madres trabajan. El control hacia ellas es mucho mayor que hacia los hombres, limitando su salida a espacios de asociacionismo juvenil que posibilitan su sano crecimiento. Todo ello en medio de un espacio público degradado y de alto riesgo para las mujeres.    

    La violencia en el ámbito doméstico se ha incrementado con la pandemia, generando un mayor riesgo hacia niñas y adolescentes, al cancelarse otros espacios como la escuela y nuestros Centros Juveniles. Esta situación de encierro ha repercutido en su salud mental, aumentando la ansiedad y depresión. 

Acompañarlas en su proceso de constituirse en sujetas de derechos, de reconstruirse en medio de la adversidad, de desarrollar sus capacidades y liderazgos ha sido parte del trabajo de CASA a lo largo de los años. Para ello hemos venido creando espacios de escucha y acogida, de formación, expresión y desarrollo. En ellos han construido nuevas miradas que les han permitido salir del ámbito privado hacia la participación social.

    Conmemorar el 8 de marzo significa para nosotras un compromiso de esforzarnos por acompañarlas, por crecer juntas y por contribuir a cambiar los estereotipos y roles de género que no permiten su crecimiento y que limitan su acceso a la educación, a la salud, al espacio público, a la toma de decisiones y a una VIDA LIBRE DE VIOLENCIA.